4 de mar. de 2011

PATVÉ: Historia real de la vida de una amiga travesti. XXI

Capítulo XXI, Calle

Desde ese instante la idea de poder salir a la calle en algún momento estuvo rondando mi mente con mucha frecuencia. Yo llegaba de la escuela y me cambiaba e imaginaba que pudiera salir al menos a la puerta del edificio pero realmente no me atrevía.

Mi hermana y Alfonso llegaban mas o menos una hora después que yo asi que lo que hacía los días que el iba a llevar a mi hermana era que me arreglaba lo mejor que podía. No lo hacía mas que para que el me viera como si fuera niña, no tanto para gustarle si no para que le gustara la forma en que yo podía arreglarme.

Claudia y yo seguíamos teniendo mas o menos la misma talla, al paso del tiempo la conservaríamos solo que yo crecería unos cuantos centímetros mas, pero la talla siempre ha sido igual.

Un día me decidí a volver a tocar el tema, traté de arreglarme muy bien, me puse aretes largos color dorado y unas pulseras doradas también y un collar de tres hilos con esferas doradas. Seleccioné una blusa tejida blanca tipo suéter con un cuello redondo alto y un pantalón de mezclilla muy entallado que apenas me cerraba.

Cuando llegaron Alfonso y Claudia el me vio raro pero no dijo nada.

- ¿Por qué te vestiste asi?, preguntó mi hermana.

- Por nada, quiero que veas que si me arreglo bien puedo parecer mujer y nadie notaría que no lo fuera.

- Si, pero resulta que no eres mujer, si no hombre además, asi como te arreglaste pareces mas bien como mujer profesional y la edad que tienes no va con ese tipo de vestimenta. ¿Por qué te vestiste asi? Insistió.

- Bueno, es que pienso que un día podamos salir a la calle a caminar un poco, solo para sentir y ver que no se den cuenta de que no soy mujer.

- Si, pero si sales asi no vas a parecer mujer si no...

Alfonso complementó

- Mira, tu hermana tiene razón, si sales asi va a parecer otra cosa, mejor arréglate normal y dile a tu hermana si te da oportunidad de salir

- No, dijo ella, ya dije que no va a salir a la calle vestido ni asi ni de ninguna manera.

Alfonso no le dijo nada pero volteo a mirarme y me dijo que me arreglara de manera normal y regresara a la sala a ver que decía mi hermana.

- ¿Qué voy a decir?, ¡que no! se ponga lo que se ponga.

- Anda, cámbiate por algo menos exagerado y vemos, me dijo el.

Me quedé con la blusa pero cambié el pantalón por otro de mezclilla pero que no quedaba tan entallado y me quieté los aretes largos, los collares y las pulseras. Me puse unos artes discretos, me quité el collar y en su lugar me puse una cadenita delgadita color dorada, también una pulserita que le hacía juego y salí de nuevo a la sala, me veía bien, mi hermana no dijo nada pero el me dijo:

- Asi esta mejor, pero ¿me dejas decirte algo?

- Si, le dije.

- Lo que pasa es que ya no eres niña, digo, la edad y la estatura ya no son de niño y francamente aunque te ves bien ya se nota que te ves muy plano del busto

Mi hermana me había advertido que no podía usar brasier cuando estuviera Alfonso, y asi se lo dije.

- Lo que pasa es que a Claudia no le gusta que use el porta bustos dije tratando de evitar usar la palabra brasier.

- Si dijo el, pero sin busto si te ves raro, asi si pareces niño vestido de mujer porque te ves muy plano y la edad que tienes es como para que ya tuvieras un poco de bubis, ¿o no? Preguntó volteando a ver a Claudia.

- La edad que tiene, dijo ella, es como para que no tuviera bubis ni nada de mujer. Es hombre, no se que tiene que hacer vestido asi.

- Por eso le digo que ya no se vista como niña, dijo el, si no que si se va a arreglar lo haga bien, que se vista como niña pero ya adolescente que se le note ya algo de busto, como se le notaría a cualquier niña de su edad o que mejor no lo haga.

- Pues que no lo haga sentenció ella.

- ¿Lo dejas que se lo ponga a ver como se ve? Dijo el refiriéndose al “porta bustos”.

- No, dijo ella, ya dije que no.

- Solo para ver como se ve, es solo un momento, ¿verdad?, finalizó volteando a verme.

- Si Claudia, anda ¿si?.

- No, ya dije que no y no insistas, me dijo.

- Mira, dijo Alfonso, parece que para el es importante, además, me supongo que solo será una vez para que se le quite la tentación y ya, ¿no?, finalizó preguntándome.

Claudia se veía molesta y fastidiada, pero la manera en que Alfonso lo razonó y el hecho de que fuera el quien se lo pidiera y no yo la hizo reflexionar:

- ¿Prometes que solo será un momento y después ya dejan de molestarme? me preguntó

- Si, ya te dije que es solo ir a la tienda o a la farmacia y regresar.

- No, si sales es con Alfonso y es solo a la puerta de la unidad y te regresas, ¿estamos?, asi que nada de que vas a ir a ningún lado.

- Si, dijo Alfonso, caminamos unos pasos y nos regresamos, agregó, ¿entonces que?, ¿lo dejas que se ponga el relleno en el pecho?

Me volteó a ver y me dijo que me lo pusiera pero que no fuera a exagerar.

- ¿Cómo? Pregunté

- Si, no le pongas demasiado relleno a las copas, se supone que si fueras niña apenas te estaría creciendo el busto.

- Bueno, quien sabe intervino Alfonso, hay niñas que a esa edad ya se les nota bastante

- Si pero a la mayoría no y el no va a exagerar, ¿quedamos?

Me metí a la recamara de mi hermana y mi mamá a buscar en su cómoda que es en donde habían quedado los brasieres desde el día que me los regaló. Seleccioné uno y me quité la blusa para ponérmelo. Oí que afuera el le decía a mi hermana que me ofreciera ayuda para abrochármelo y que ella le contestó, ¿ayuda?, si el ya es mas que experto en eso. Ese comentario no me gustó pero reflexioné que estaba bien que Alfonso supiera que en ocasiones usaba ya ese tipo de prenda.

Seleccioné para relleno unos calcetines de dormir de mi hermana pero me hacían ver como señora pues me hacía el busto demasiado grande, entonces tomé unas tobimedias como relleno, me las puse y apenas hacían un discreto bulto en las copas lo que hacía ver el busto no muy grande mas bien pequeño, realmente como el de una niña que esta entrando a la adolescencia. Salí y me mostré modelando como para que me vieran.

- ¡Muy bien! Dijo el, te ves preciosa.

- Recuerda que no es mujer, asi que no le digas que se ve preciosa comentó Claudia.

- Bueno, por lo pronto en este momento ya esta arreglado como niña adolescente, pero si no quieres que le diga que se ve preciosa no le digo. Y añadió, Ahora si, ¿por qué no vamos a caminar un poco para que sienta lo que es salir y nos regresamos luego luego?

- No, ya dije que no

- Bueno, le dije, si no quieres ir tu déjame que Alfonso me acompañe, vamos rápido y venimos, ¿si? Será solo un momento

- No Alberto, ya te dije que no.

- Ándale, ¿si mi vida?, mira que no nos tardamos, le dijo Alfonso, es solo para que a tu hermanito se le quite de una vez por todas la tentación, y que aproveche que ya esta arreglado ahora y ya no como niña, si no como señorita.

Se veía que a mi hermana estaba contrariada por lo que estábamos diciendo, Alfonso estaba abogando por mí, me gustaba que lo hiciera.

- Esta bien, dijo ella y luego añadió, Solo a la esquina y se regresan inmediatamente, pero yo no voy aquí los espero. Si tantas ganas tienes dijo volteándome a ver que te acompañe Alfonso, pero conste que si alguien te dice algo, es tu problema.

- ¿Quién me va a decir algo?, si ni me conocen.

- No, ¿Qué pasa si te ve algún vecino?

- Bueno, comentó Alfonso, no lo van a estar viendo a el, estarán mirando la imagen de una chica, míralo si no. ¿A poco si te lo encontraras en la calle no pensarías que es una chica de verdad?

- Ese es el problema, que el no es una chica de verdad.

- Si pero vestido como esta, parece una chica de verdad y añadió preguntando, ¿Entonces que?, ¿Vamos rápido y regresamos?

- Vayan, dijo Claudia, yo aquí los espero.

- Bueno, regresamos en un momento.

- Está bien, cedió ella, pero conste que no estoy de acuerdo. No se tarden.

¡Tenía permiso!. Me vi en el espejo de la sala y vi mi figura con el busto incipiente en el camino que caminan las niñas cuando se convierten en mujer.

Me miré y no me reconocí. El busto era un factor muy importante en la figura que veía, ya no de niña, si no de señorita, joven aun, pero ya señorita, niña, nunca mas.

En ese momento me dio miedo de salir, me veía demasiado normal como mujer, no se como explicarlo, no había ni un asomo de duda de que pudiera haber sido hombre y quizá ese era mi temor, como el de una niña que sale por primera vez con un chico ella sola, era algo inexplicable.

Vivíamos en el cuarto piso del último de cinco edificios que componían la unidad habitacional. Tendríamos que bajar al estacionamiento y caminar para llegar hasta la entrada de la unidad por lo que tendríamos que pasar frente a las entradas de los cuatro edificios que estaban en el camino.

Pensé que quizá era demasiado y se lo dije a Alfonso.

- Bueno, dijo, además de caminar hasta la caseta de vigilancia todavía de ahí, para llegar a la esquina tenemos que pasar por la entrada de las otras tres unidades habitacionales, pero no importa, de veras que no se nota que no eres mujer.

- Claudia tiene razón, ¿Y si alguien me dice algo?

- Nadie te va a decir nada. No se nota que no eres mujer, además yo voy contigo.

- Si yo fuera tu no iría, intervino Claudia como infundiéndome miedo.

- Bueno, decídete ¿vas o no? dijo Alfonso defendiendo la situación.

Yo estaba muy inquieto, confundido y con miedo

- ¿Si o no? Insistió

Pensé unos segundos. Imaginé que la ocasión era inmejorable pues aparte de todo iría con el para cualquier cosa que se me llegara a ofrecer.

¡Si!. Le dije, vamos.

Se me quedó viendo como pensando que yo no iba a decir que si. Miró a Claudia como para ratificar que ella finalmente me diera permiso, o al menos que accediera pero ella se dio media vuelta y se metió a la cocina y dijo evidentemente molesta::

- Hagan lo que se les dé la gana

- No te enojes, replicó Alfonso, serán solo unos minutos

- Ya te dije que hagan lo que quieran

Vamos, me dijo Alfonso guiñándome un ojo y haciendo una seña como diciendo que después Claudia se iba a calmar. Abrió la puerta de la casa e hizo una caravana como cediéndome el paso.

- No nos tardamos Claus, le dije yo a mi hermanita

- Hagan lo que quieran repitió molesta sin voltear a mirarnos

Alfonso terminó de abrir la puerta, me volvió a hacer una especie de reverencia y me cedió el paso. Crucé el umbral y por primera vez en mi vida puse un pié fuera de mi casa vestido con la ropa de mi hermana, bueno, era ya mi ropa y me sentía muy a gusto con ella. Alfonso cerró la puerta y empezamos a bajar los cuatro pisos que nos llevarían a la planta baja.

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