Capítulo XXXII Mi cumpleaños
Siguieron pasando los meses, y asi llegó agosto, yo cumpliría 15 años. Tenía tiempo de no arreglarme completo como niña, de hecho, desde la vez que me había depilado ya no me había vuelto a arreglar completo, a veces, al llegar de la escuela me ponía rápido alguna de las cosas que Claudia me había dado pero no me vestía completo ni me arreglaba totalmente pues no quería que ella me viera o siquiera supiera que lo seguía haciendo y eso había hecho crecer en mi una especie de necesidad de vestirme de manera total, como la vez que me depilé que me vi solo unos segundos como era que había quedado y me quería ver de nuevo asi, pero el tiempo entre que yo llegaba de la escuela y llegaba mi hermana no era suficiente para permitírmelo..
Pensé en pedirle a mamá que me dejara vestirme con la ropa de Claudia al menos una vez, como regalo de cumpleaños pero sabía que no lo iba a aceptar asi que deseché la idea, además me daba pena con ella y no quería mortificarla, por eso le pedí de regalo una televisión pero me dijo que por el momento no había dinero en la casa, pero que si yo trabajaba aunque fuera en un trabajo informal y juntaba la mitad, ella pondría el resto.
Como para mi cumpleaños solo faltaban unos pocos días ya no alcanzaría a hacerlo asi que le dije que entonces me regalara un radio que tenía banda de onda corta con lo que podía escuchar estaciones de lugares distantes, asi fue, me regaló el radio que era pequeño pero con muy buena recepción y que me quedé en mi cuarto. Fue un regalo que me gustó y que me hizo compañía por muchos años.
Claudia también me preguntó que era lo que quería de cumpleaños. A ella si le dije lo que quería.
- Quiero que me des chance de usar de nuevo mis cosas.
- ¿Cuáles cosas?, fingió no entender.
- Las que me regalaste.
- ¿No quedamos con mi mamá que ya no las ibas a usar?
- Si, pero la verdad es que me quedé con las ganas de ver como me veo desde el día que me depilé las cejas, ese día me vi solo unos segundos, apenas recuerdo como me veía porque tu me dijiste cosas muy feas y me dijiste que me quitara la ropa que traía, asi que no me acuerdo bien de cómo me veía.
- Que bueno que no te acuerdas pues la verdad me impresioné. Eso que te dije era porque estaba muy molesta, te veías muy diferente, parecías una mujer ya adolescente mayor, me espantaste, no me gustó.
- ¿Por qué?
- Porque pensé que podrías haber llegado a ser mujer de verdad y no estaba mentalmente preparada ara eso.
- ¿Y ahora?
- Tampoco, nunca lo voy a estar.
- Pero si no es de verdad, es solo una imagen, quizá si sabes que lo vas a ver ya no sería tanta sorpresa.
- Si, a lo mejor ya no sería tanta sorpresa pero no me gusta.
- Yo se que no te gusta, pero si ya no te resultaría tan impactante déjame arreglarme como ese día, si no se va a pasar el tiempo y después las cosas ya no me van a quedar. ¿Si?, déjame como regalo de cumpleaños
- ¿Tan importante es para ti?
- Si, no pasa nada, nunca ha pasado nada y hace tiempo que no lo he hecho, ¿si?
- No me gusta pero te voy a dejar pero no te quiero ver asi, vístete solito nada mas para que te veas como te hubieras visto ese día y mas que ser un regalo por tu cumpleaños es mas bien una disculpa por eso que te dije.
- Gracias, pero el chiste es que nos paremos los dos juntos frente al espejo, me gustaría verme como hubiera sido si hubiéramos sido hermanitas.
- Ya te dije que no me gusta, si quieres párate tu solo y te ves
- Ándale, es solo un minuto los dos juntos, nos vemos y ya, eso es todo.
- Está bien, que sea la semana que entra, un día que no venga Alfonso.
- Pero si Alfonso ya me vio ese día, ¿Qué tiene de malo?
- No quiero que te vea vestido asi.
- Pero si ya me vio y no pasó nada.
- No me gusta lo que el pueda pensar de ti.
- El no piensa nada, ya sabe que a veces me pongo tus cosas y no ha pasado nada. Ese día me vio con la falda y no pasó nada, ándale ¿si?
Claudia reflexionó, ya no opuso mucha resistencia pero volvió a decir:
- No, no quiero que el te vea asi, no me gusta que mi novio sepa que te vistes con mis cosas, si quieres hacerlo, hazlo pero que el no te vea
- Pero si ya me vio. Ya sabe que a veces uso tus cosas, no sería nada nuevo para el.
- Si, pero hace meses que fue eso, asi que a lo mejor ya ni se acuerda.
- Pero no es que se acuerde, es que ya lo sabe ¿si?
Claudia se quedó pensando, mi insistencia era firme, dijo.
- Veo que es importante para ti, pero te repito que no me gusta que hagas eso.
- Ándale, eso ya lo hemos platicado muchas veces. No le hago mal a nadie.
- No, si te lo haces a ti.
- No porque no pasa nada, repetí mi súplica, ¿si?
Mi hermana se quedó reflexionando. No se que pensó pero creo que en ese momento se dio por vencida para todas las veces que afrontaría una situación similar conmigo en el futuro. Aceptando la situación, no de buen modo me dijo
- Esta bien, el miércoles de la semana que entra que mamá llega un poco mas tarde, pero quiero que ya estés listo para cuando lleguemos, no quiero que Alfonso te vea primero de muchachito y después como nenita (no me gustó como lo dijo, pero lo estaba aceptando), ah y no hagas loqueras como esas cosas de andarte paseando delante de el. Solo nos paramos frente al espejo, nos vemos un minuto y ya, ¿esta bien?
- Lo que tu digas hermanita.
- ¡Ah! y recuerda es solo por esta vez y nada de volver a lo mismo, ¿si esta claro?
- Si, gracias.
El día de mi cumpleaños cayó en viernes y mamá llegó en la noche con un pastelito que partimos entre los tres. Dijo que al día siguiente, el sábado, había invitado a la madrina de mi hermana a comer por mi cumpleaños.
La madrina me llevó un regalo, por primera vez me daba algo. Era una pluma muy bonita, de tres tintas de diferente color. Comimos y en la tarde mamá me dio para alquilar unas películas que dejó a mi gusto y que vimos comiendo palomitas. Es curioso que habiendo sido un festejo tan sencillo me hubiera causado tan buenos recuerdos.
El domingo nos levantamos temprano e hicimos nuestra rutina de siempre. Afuera de los edificios había un tianguis y fuimos a desayunar barbacoa, todavía en una especie de continuación del festejo por mi cumpleaños. Caminando por el tianguis vi unos aretes blancos, de clip.
Claudia me vio que los estaba mirando y que había preguntado cuanto costaban. En aquel entonces aún me daba pena preguntar por cosas de mujer como aretes, maquillaje o ropa, pero pensé que podría parecer que preguntaba porque los quería dar para regalo o algo asi.
Mi hermana se me quedó mirando y como entendiendo la razón por la cual estaba preguntando, me dijo:
- Los quieres para el miércoles ¿verdad?
- Si, ¿traes dinero que me prestes?
- No, me dijo, pero volteó a ver a mi mamá y le dijo que si le prestaba para “comprarse” los aretes.
Mamá le dio el dinero y volteándome a ver me dio una cantidad igual a mi diciéndome que me comprara algo.
Esa fue la secuela de los festejos por mi cumpleaños, mi hermana compró los artes y llegando a la casa mostrándomelos me dijo que los iba a guardar en su alhajero y dijo
- Bueno, con esto te completo mi regalo de cumpleaños, pero solo los vas a usar una vez y después me los voy a quedar, ¿esta bien?
- Si, hermanita, muchas gracias.
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